miércoles, 9 de marzo de 2011

Compasión- Dalai Lama

"La autentica compasión no depende de la actitud de los demás hacia mi, pero en tanto los demás son como yo y aspiran a la felicidad y a evitar el sufrimiento y tienen derecho a superarlo, surge cierta empatía... Así es la auténtica compasión, ecuánime, incluso con los enemigos, siempre y cuando estos sean personas u otros seres sensibles... Ellos también tiene derecho a superar el sufrimiento, sobre esa base se sustenta la empatía, eso es la compasión." DALAI LAMA, Encuentro en la Abadía de Gethsemani *********************** Aquí un vídeo http://www.youtube.com/watch?v=uSL_xvokoF8 (vídeo de 1h y media en la que habla el Dalai Lama, en inglés) October 14, 2010 - His Holiness the 14th Dalai Lama speaks on the centrality of compassion in Maples Pavilion at Stanford University. He shares his thoughts on the necessity of friendship, altruism, family, selflessness, and religion, from the perspectives of such wide-ranging disciplines as education, social psychology and the neurosciences.

¿Cual es mi misión en la vida?

http://www.youtube.com/watch?v=duS_gUpHK2I&feature=player_embedded#at=40

Un ser despierto- Enseñanzas de Eckhart Tolle

Un ser despierto (como se le denomina en otras culturas), es alguien en quien los pensamientos y la conciencia se han separado, de modo que los pensamientos ya no dirigen su vida, sino que se ponen al servicio de la conciencia. En un ser despierto, sea hombre o mujer, la identificación con el mundo de las ideas ha finalizado y, por tanto, también se ha disuelto en él o en ella la identificación con la personalidad, con la idea de sí mismo.
La mente es forma, y en estos seres ha terminado la identificación con el mundo de la forma. Los pensamientos o emociones son formas temporales, como también lo son las opiniones, los principios o los modos de ser. Un ser despierto honra la forma, la vive, la goza; pero sin identificarse con ella.

La práctica de dzogchen

La práctica de dzogchen en la vida diaria consiste simplemente en desarrollar una completa aceptación despreocupada, una apertura a todas las situaciones, sin límite.

Deberíamos conseguir que la apertura fuese como el patio de recreo de nuestras emociones, y relacionarnos con los demás sin artificialidad, manipulación o estrategia.

Deberíamos experimentar todo totalmente, nunca retirarnos en nosotros mismos, como una marmota se esconde en su agujero. Esta práctica libera una tremenda energía que usualmente está constreñida por el proceso de mantener fijos puntos de referencia. La referencialidad es el proceso por el cual nos retiramos de la experiencia directa de la vida diaria.

Estar presente en el momento puede desencadenar inicialmente el miedo. Pero dando la bienvenida a la sensación de miedo con apertura total, atravesamos las barreras creadas por los patrones emocionales habituales.

Cuando nos comprometemos en la práctica de descubrir el espacio, deberíamos desarrollar el sentimiento de abrirnos totalmente al universo entero. Deberíamos abrirnos con absoluta simplicidad y desnudez de la mente. Esta es la poderosa y ordinaria práctica de abandonar la máscara de auto-protección.

No deberíamos hacer una división en nuestra meditación entre percepción y campo de percepción. No deberíamos volvernos como un gato observando a un ratón. Deberíamos darnos cuenta de que el propósito de la meditación no es ir ‘profundo en nosotros mismos’ o retirarnos del mundo. La práctica debería ser libre y no conceptual, no constreñida por la introspección y la concentración.

El vasto espacio de sabiduría auto-luminosa no originada es la base del ser –el principio y el final de la confusión. La presencia de la consciencia en el estado primordial no tiene prejuicios hacia la iluminación o la no iluminación. Esta base del ser que es conocida como la mente pura u original es la fuente de la que surgen todos los fenómenos. Es conocida como la gran madre, como el útero de potencialidad del que todas las cosas surgen y se disuelven en natural auto-perfección y absoluta espontaneidad.

Todos los aspectos de los fenómenos son completamente lúcidos y claros. Todo el universo está abierto y sin constricción –todo está interpenetrándose mutuamente.

Viendo todas las cosas desnudas, claras y libres de oscurecimiento, no hay nada que alcanzar o realizar. La naturaleza de los fenómenos aparece naturalmente y está naturalmente presente en la consciencia que trasciende el tiempo. Todo es naturalmente perfecto tal y como es. Todos los fenómenos aparecen en su cualidad única como parte del patrón continuamente cambiante. Estos patrones son vibrantes, con sentido y significado en cada momento; y aún así no hay sentido que dar a estos significados más allá del momento en que se presentan a sí mismos.

Esta es la danza de los 5 elementos en la cual la materia es símbolo de la energía, y la energía símbolo del vacío. Somos un símbolo de nuestra propia iluminación. Sin esfuerzo o práctica alguna, la liberación o la iluminación ya está aquí.

La práctica diaria del dzogchen es exactamente la vida diaria misma. Como el estado no revelado no existe, no hay necesidad de comportarse de ninguna manera especial o tratar de alcanzar nada por encima o más allá de lo que en realidad eres. No debería haber ninguna sensación de esforzarse para alcanzar algún ‘objetivo increíble’ o ‘estado avanzado’.

Esforzarse para tal estado es una neurosis que solo nos condiciona y nos sirve para obstruir el libro flujo de la Mente. También deberíamos evitar pensar de nosotros mismos que somos personas sin ningún valor – pues somos naturalmente libres y no condicionados. Estamos intrínsecamente iluminados y no carecemos de nada.

Cuando nos dedicamos a la práctica de la meditación, deberíamos sentirla algo tan natural como comer, respirar y defecar. No debería convertirse en un evento especializado o formal, hinchado de seriedad y solemnidad. Deberíamos darnos cuenta de que la meditación trasciende esfuerzo, práctica, fines, objetivos y la dualidad de la liberación y la no liberación. La meditación es siempre ideal; no hay necesidad de corregir nada. Ya que todo lo que surge es sencillamente la obra de la mente como tal, no hay meditación insatisfactoria y tampoco hay necesidad de juzgar a los pensamientos como buenos o malos.

Por tanto deberíamos simplemente sentarnos. Simplemente permanece en tu propio sitio, en tu propia condición tal como es. Olvida los sentimientos de ‘auto-conciencia’, no tenemos que pensar ‘estoy meditando’. Nuestra práctica debería ser sin esfuerzo, sin presión, sin intentos de controlar o forzar y sin intentar volvernos ‘pacíficos’.

Si descubrimos que nos estamos perturbando a nosotros mismos de alguna de estas maneras, paramos de meditar y simplemente descansamos o nos relajamos un rato. Luego continuamos nuestra meditación. Si tenemos ‘experiencias interesantes’, ya sea durante o después de la meditación, deberíamos evitar convertirlas en algo especial. Dedicar tiempo a pensar en estas experiencias es simplemente una distracción y un intento de volvernos antinaturales. Estas experiencias son simplemente señales de la práctica y deberían ser contempladas como eventos transitorios. No deberíamos intentar volver a experimentarlas porque hacer eso solo sirve para distorsionar la espontaneidad natural de la mente.

Todos los fenómenos son completamente nuevos y frescos, absolutamente únicos y enteramente libres de todos los conceptos de pasado, presente y futuro. Son experimentados en un estado que trasciende el tiempo.

El torrente continuo de nuevo descubrimiento, revelación e inspiración que surge en cada momento es la manifestación de nuestra claridad. Deberíamos aprender a ver la vida diaria como un mandala –las luminosas franjas de experiencia que irradian espontáneamente de la naturaleza vacía de nuestro ser. Los aspectos de nuestro mandala son los objetos ordinarios de nuestra experiencia vital moviéndose en la danza o la obra del universo. Mediante este simbolismo el maestro interior revela el profundo y último significado de ser. Por tanto deberíamos ser naturales y espontáneos, aceptando y aprendiendo de todo. Esto nos permite ver el lado irónico y divertido de los acontecimientos que normalmente nos irritan.

En la meditación podemos ver a través de la ilusión de pasado, presente y futuro –nuestra experiencia se vuelve la continuidad del ahora. El pasado es solo un recuerdo poco fiable asido en el presente. El futuro es solo una proyección de nuestras concepciones presentes. El presente mismo se desvanece en cuanto intentamos agarrarlo. Así que, ¿por qué preocuparnos por intentar establecer una ilusión de sólida base?

Deberíamos liberarnos de nuestros recuerdos del pasado y preconceptos sobre la meditación. Cada momento de meditación es completamente único y lleno de potencialidad. En tales momentos seremos incapaces de juzgar nuestra meditación en términos de experiencia pasada, seca teoría o hueca retórica.

Simplemente sumergiéndonos directamente en la meditación en el momento ahora, con todo nuestro ser, libres de duda, aburrimiento o excitación, ES iluminación.

Dilgo Khyentse Rinpoche. Traducción de Belén Giner

martes, 8 de marzo de 2011

Película: el guerrero pacífico

Película altamente recomendada que recoge muchos de los principios budistas: "El guerrero pacífico"

http://www.youtube.com/watch?v=cULiOAc73DA&feature=player_embedded

lunes, 7 de marzo de 2011

taller de cuentos


http://www.lacasadeloscuentos.info/

Las casualidades no existen. artículo de Borja Vilaseca 06/03/2011 El país

No somos marionetas en manos del azar. La vida no es un accidente regido por la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste creerlo, recogemos lo que sembramos. Veamos la vida como un continuo aprendizaje.

Formamos parte de una sociedad materialista, desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso, en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestras acciones, pues en última instancia las cosas pasan por "casualidad". Esta visión nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

"Según la ley de la sincronicidad, lo que nos ocurre, bueno o malo, está ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos"

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto "nihilistas". No es que no creamos en nada. Simplemente "negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana". De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés.

Pero ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos.

Es decir, que incluso estas creencias no están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el "miedo a la libertad" y el "miedo al vacío". Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ

"El caos es el orden que todavía no comprendemos"(Gregory Norris-Cervetto)

Cegados por nuestro egocentrismo, solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema y nos lleva a adoptar el papel de víctima y sentirnos impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. Una actitud mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.

Y esto es precisamente de lo que trata la "física cuántica". En líneas generales, establece que "la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas". Sin embargo, "solo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas". Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otros resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso.

LA TEORÍA DEL CAOS

"El aleteo de una mariposa puede provocar un 'tsunami' al otro lado del mundo" (proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere "la teoría del caos". Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos "permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios". Dentro de estas investigaciones, destaca "el efecto mariposa". Para comprenderlo, un ejemplo: imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un máster en el extranjero. Y que al regresar a casa entra a trabajar de becario en una empresa. Allí aparece una nueva becaria, a quien sientan a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Y seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre.

En este ejemplo, "el efecto mariposa" estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un máster a raíz de la separación con su exnovia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, destaca que el chico decidió salir con sus amigos tras perder una apuesta. Es decir, si no hubiera perdido la apuesta no habría ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no habría conocido a su exnovia. Y si esta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el máster, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD

"Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino" (Carl Jung)

Nuestra existencia no está gobernada por la suerte ni el azar, sino por "la ley de la sincronicidad". Esta determina que "todo lo que ocurre tiene un propósito". Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.

La ley de la sincronicidad significa que "aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de disfrutar la vida".

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos cocreado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. No existen las coincidencias. Tan solo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, "la ley de la sincronicidad" también ha descubierto que "nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar determinan en última instancia no solo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias".

Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos.

LA LEY DEL KARMA

"Cada uno recoge lo que siembra"(Buda)

Si bien la "física cuántica", "la teoría del caos", el "efecto mariposa" y "la teoría de la sincronicidad" son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión alrededor del siglo V antes de Cristo. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó "la ley del karma", también conocida como "la ley de causa y efecto".

La ley del karma afirma, en esencia, que "todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias". De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la "casualidad", sino por la "causalidad". Según "la ley del karma", cada uno de nosotros "recibe lo que da", lo que elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo.

Las casualidades no existen. Artículo del El país, escrito por Borja Vilaseca 06/03/2011

http://www.elpais.com/articulo/portada/casualidades/existen/elpepusoceps/20110306elpepspor_7/Tes

Libro relacionado con el tema: - 'El misterio de las coincidencias', de Eduardo Zancolli y Deepak Chopra (RBA)